viernes, 4 de enero de 2008

CONTORNOS DE LA CRÍTICA LITERARIA EN COLOMBIA

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Archivo de este Portal
DEBATE No. 2 Agosto 10/07
Debate No. 3 Agosto 21/07
Debate No. 4 Octubre 20/07
Debate No. 5. Dic. 15/07
Debate No. 6 Mayo 10/08
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Actualización Mayo 22, 2008. 7:12 AM
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de "Libiahb@aol.com" < Libiahb@aol.com >
para ntcgra@gmail.com, arocha.efer@wanadoo.fr, fabiomartinez2002@yahoo.com
fecha 02-jun-2008 17:27
asunto Re: CALIGRAFIAS - DEBATE. Comentarios de Marco Tulio Aguilera
Querido NTC,
Me permito hacerle una aclaración sobre lo que se escribe en tu blog y lo que se escribió en RFI en español :
La revista Vericuetos, es co-editora de la revista que se publicó en Cali Colombia y Cali-graphies la cité littéraire es el numéro 22 de la revista Vericuetos, que viene esta vez, como en otras tantas, con el formato de libro ! Las traducciones, maquetaje y correciones son autoria de los miembros de la revista Vericuetos.
Feliz dia ! Libia Acero Borbon
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de Fernando Gallego < fernandogallego@orbitel.net.co >
para NTC
fecha 26-may-2008 11:35
asunto Re: POLEMICA. Primeroquetoadmente ...
Señores NTC :
Yo creía que la discusión era si le había quedado "chueca" la antologia del señor Martínez, si JLC tenía que figurar allí y si JLC había hecho unas pataletas por no habérsele tenido en cuenta, y si con dineros ajenos se puede cometer este desaguisado. Pero resulta que el señor que dice haber vivido 28 años en Suecia y, pareciendo un " botafumeiro", responde con motosierras y todo eso. Qué tiene que ver?. Se nos fué por las ramas. FGQ
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*** From: Carlos Vidales carlos@bredband.net
Date: 26-may-2008 8:20
Subject: SV: POLEMICA. Primeroquetoadmente ...
To: NTC
Fernando Gallego comenta:
"Ahora tercia un señor de nombre Carlos Vidales, y utiliza un sofisma aparentemente contundente: Si el escritor palmirado descalificó la literatura vallecaucana, llamándola una literatura en tonos menores, por qué quiere estar allí? Pensará él y cualquier descuidado lector que lo fulminó, que mató al palmirano."
Pues no, nunca he pensado, ni he intentado fulminar ni matar a nadie con mi argumentación. Todo el contenido de mi nota se orienta precisamente a criticar el talante de "guerra a muerte", el sistemático desprecio por "el otro", el "ninguneo" y el "pordebajeo" que impregnan toda discusión en Colombia. El comentario de Fernando Gallego me da ocasión para mostrar algunos ejemplos claros de esa psicopatología nacional: el poeta Jotamario es presentado como "el superficial exnadaísta apellidado Abeláez"; otra persona aludida aparece como "una señora de apellido raro"; y el menos maltratado, el menos pordebajeado y el menos ninguneado, es "un señor de nombre Carlos Vidales". Como si las personas valieran más o menos por su apellido. Como si "el otro" tuviera que ser invariablemente menospreciado, pordebajeado, ninguneado, para ganar puntos en la polémica, para "fulminar" y para "matar" al pobre cretino que no piensa como uno piensa.
Lo terrible, lo verdaderamente dramático, lo trágico que ocurre entre la intelectualidad colombiana, no es que la literatura del Valle sea menor o mayor, ni que una antología sea buena o mala, no. Lo definitivamente monstruoso es que se siga discutiendo con la motosierra en la mano y que toda discusión se vuelva agria, ácida, agresiva, despectiva, destructiva, sicópata.
Firma: un señor de nombre Carlos Vidales, que vive en Suecia desde hace 28 años.
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DE: Fernando Gallego , fernandogallego@orbitel.net.co
para NTC … , ntcboletin@gmail.com fecha 22-may-2008 10:34
asunto POLEMICA
Hola señores NTC … :
No pretendo, como la "niña Tulia" meterme , sin méritos, en una polémica ajena, pero contando con sus gentiles orejas, siempre dispuestas a escuchar, quiero hacerles algunas observaciones. Primeroquetodamente, el escritor Londoño no adujo su futuro currículo. Ahí miente socarronamente el superficial exnadaísta apellidado Arbeláez. Tampoco veo la pataleta que dice ver una señora de apellido raro. Leo simplemente un reclamo justo. Si don Fabio hubiera hecho, de su propio pecunio la susodicha antología, tendríamos necesariamente que estar todos callados, estaba en su derecho, pero con dineros ajenos, comete un pecado casi grave al dejarla "chueca". Nadie discute que Londoño tiene sobrados méritos para estar allí. Hábilmente y no con franqueza pretendió subsanar la falla, por decir lo menos, aduciendo que JCL, no le envió algún papel o algo así, lo cual fue enérgicamente desmentido por el agraviado, y esto no lo ha aclarado el señor Martínez.
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Ahora tercia un señor de nombre Carlos Vidales, y utiliza un sofisma aparentemente contundente: Si el escritor palmirado descalificó la literatura vallecaucana, llamándola una literatura en tonos menores, por qué quiere estar allí? Pensará él y cualquier descuidado lector que lo fulminó, que mató al palmirano.
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Pues bien, por qué nos duele aceptar que el maravilloso Valle del Cauca no tiene figuras cimeras de las letras. ¿Que figura tenemos parangonable, no digamos a GGM, a Silva, Carrasquilla, Barba etc etc etc. Tengamos la humildad suficiente para aceptar que no ha salido de este ubérrimo Valle una pluma de talla XL. Tenemos queridísimos Ricardos Nietos, Villafanes, Gardeazabales, Isaacses, pero ..., no por amarlos vamos a Nobelizarlos. Puestos estos puntos sobre estas íes: ¿Cómo Londoño no va a querer está allí, caligrafiándose, si a pulso se ha ganado el derecho? En vez de arrogancia veo una traza de sencillez, al querer estar en un lugar que él mismo ubica de tono menor.
Eso era todo, de nuevo gracias por ser tan buenos oidores.
Atentamente, Fernando Gallego.
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Saber pensar

Carlos Vidales ,
carlos@bredband.net * http://hem.bredband.net/rivvid/
Estocolmo, 22 de mayo de 2008

Escribo estas líneas a propósito del interesante artículo "Saber pelear", editorial de la revista Arcadia No. 32, publicado y distribuido gentilmente por
NTC … **. Comparto el contenido de ese texto pero no su título, aunque entiendo que ha sido escrito para lectores de Colombia, país donde algunos doctores no saben aún que discutir, debatir e incluso polemizar no son sinónimos de pelear, y donde generalmente se cree que pelear es exactamente lo mismo que injuriar.

El reciente caso del torrente de agresiones a que ha sido sometida la revista virtual Con-fabulación es una prueba de lo que afirmo. Por delirante que parezca, puede ser que los autores de dichas agresiones estén convencidos de que sus agravios e improperios no han sido otra cosa que "argumentos ideológicos" en el marco de un debate "crítico y sincero". Si no fuera así, no podría entenderse por qué se insiste con tanto entusisamo en el uso de los métodos del insulto personal, en todos los niveles y actividades de la sociedad colombiana, desde el señor presidente de la república hasta los lectores de todos los periódicos del país, pasando por muchos de sus columnistas.

Es verdad que el editorial de Arcadia se reduce casi solamente a dos cosas: 1) Explicar a los lectores que en otros países la gente aprende a discutir; y 2) Recordar someramente los métodos vulgares de agresión personal que emplea el señor presidente de la república cuando replica a sus adversarios.

Pero el asunto es más complejo. El arte de discutir ya era objeto de estudios muy profundos en tiempos de los filósofos presocráticos y alcanzó su perfección en tiempos de la República Romana. Es decir, hace ya dos milenios estábamos enterados de que, para discutir, se requiere todo un rico bagaje intelectual que incluye el dominio de la lógica, la capacidad de investigar y contrastar los hechos, el uso correcto de normas éticas y una irrenunciable disposición a convencer, persuadir, demostrar y probar, lo que implica necesariamente el rechazo a tratar de aplastar, apabullar, destruir y anonadar. Sócrates enseñó que el insulto personal, el agravio, la injuria, la calumnia, la calificación ofensiva del adversario, destruyen toda posibilidad de discusión y, por ende, toda vía de comunicación. A fines del siglo XV escribía Nicolás Maquiavelo sobre esto, en sus geniales "Discursos sobre la primera década de Tito Livio", y decía que los agravios e insultos personales no agregan nada útil ni ventajoso a quien los profiere sino que se vuelven invariablemente contra él, porque crean en el adversario odio, resentimiento, cólera y daño emocional, ofensas que naturalmente tratará de vengar tarde o temprano. En suma, el uso sistemático de las injurias podría considerarse como un síntoma de corta inteligencia, de imbecilidad social, es decir, de incapacidad de comprender que "el otro" también tiene sentimientos y que es estúpido sembrar en los sentimientos de "el otro" el odio hacia uno mismo. Lo que Maquiavelo dice, en este asunto como en tantos otros es simplemente: "hay que saber pensar".

En este punto aclaro que me he limitado a traer acá las cosas aprendidas en el marco de la cultura occidental, porque me llevaría mucho tiempo y espacio hablar de los principios, normas y enseñanzas que las milenarias culturas de Oriente han aportado a la humanidad. Solamente diré que, a mi juicio, sería muy bueno que en las escuelas y colegios de Colombia se tratara este tema en profundidad, ya que en lo que se refiere a "civilización", nuestra querida patria parece no pertenecer ni a Oriente ni a Occidente… ni a ninguna otra región de la Rosa de los Vientos.

Por esto mismo, el asunto es más complejo porque no es solamente el presidente de la república quien agrede e insulta en la sociedad colombiana. Por el contrario, raro y exótico es el que no lo hace. Digamos que nuestro presidente es típicamente colombiano cuando discute con sus adversarios dentro del país, pero en cambio es raro y exótico cuando discute con su vecino el presidente Chávez. Porque ¡hay que ver qué compostura, qué mesura, qué buenos modales, cuando responde a su colega venezolano, quien, por lo demás, parece un auténtico colombiano cuando le pone adjetivos, como banderillas, a todo el que se le pone por delante! Que ninguno de los dos ha leído a los presocráticos, a Sócrates, a Platón, a Aristóteles, a Confucio o a Maquiavelo, ni para bien ni para mal, es evidente, se nota y se entiende. También se podría perdonar que no hayan leído el Manual de Carreño. Lo que no se puede perdonar es que ni el uno ni el otro hayan aprendido a pensar en este asunto concreto que estamos tratando. Seguramente saben pensar en otros asuntos, pero en este no.

Y esto de saber pensar va más allá de las reglas de cortesía y del arte de la convivencia, lo que ahora se llama "inteligencia social". Porque si uno no sabe pensar en otros terrenos de la vida, se va a meter en problemas inevitablemente.

Por ejemplo: el excelente escritor vallecaucano Julio César Londoño ha escrito una columna periodística ("El licenciado y el Coronel", El País, Cali, mayo 10 de 2008) para hacer notar el hecho de que una antología (Cali-grafías) de autores vallecaucanos "recogidos nadie sabe cómo", no lo haya incluido a él, que ha sido reconocido "entre los ocho grandes de la literatura vallecaucana de todos los tiempos". Paso por alto las alusiones personales a disputas personales, para no enredar lo que quiero decir. Pues bien, yo me pregunto: ¿No ha dicho Julio César Londoño que la literatura del Valle del Cauca es una literatura "en tono menor"? ¿Para qué quiere entonces estar en una antología de tono menor? ¿No es acaso cierto que en otra antología, de próxima aparición, estará entre grandes, como seguramente le corresponde y como él mismo nos cuenta en su columna? Aquí hay algo que no cuadra, algo que no funciona, y se puede expresar en el lenguaje disyuntivo de Maquiavelo así: una de dos, o Julio César Londoño no cree lo que él mismo ha dicho sobre la inferioridad de la literatura vallecaucana y por tanto le gustaría ser antologado en compañía de los "grandes de la literatura vallecaucana de todos los tiempos"… o bien, él mismo no cree ser tan grande como dice (y como yo creo que es), y quisiera por lo tanto ser antologado en compañía de esos exponentes de la "literatura en tono menor". Al reclamar porque no se le ha incluido en la antología mencionada, pues, no ha sabido pensar, se ha dejado llevar por el enojo y no ha reflexionado en esto tan simple: "otros se van a dar cuenta de esta omisión. Otros van a hacerla notar. Me conviene callar y que otros hablen".

¿Y por qué no ha pensado así? Porque nadie, o casi nadie, piensa así en Colombia. Los colombianos ignoramos en los hechos aunque repetimos a boca llena la frase de John Donne: "Ningún hombre es una isla, algo completo en sí mismo". Apenas nos sentimos en discordia (lo que es muy frecuente), salimos a la arena a embestir a diestra y siniestra, sin esperar a ver qué dice el prójimo, porque en asuntos de discordias no hay prójimo que valga, sino el toro ciego del ego, y el resto tiene que cumplir la función de honorable público. Hasta las frases de la jerga cotidiana están hechas para eso: "tomar palco" para mirar el duelo, "ir a la gallera" y "hacer apuestas", son expresiones que reflejan la destrucción de la sociabilidad y que nos hacen pensar que en la discordia estamos solos. Esto, naturalmente, estimula la predisposición a la agresión, al conflicto, porque el que está solo no tiene más opciones que, o rendirse de manera miserable y humillante, o pelear como un toro en el ruedo. Por eso decimos que hay que "saber pelear", no decimos que "hay que saber pensar".

Vaya, pues. Sea. Dediquémonos a pelear. Pero aprendamos que el toro en el ruedo jamás pierde la elegancia ni la nobleza, no da cornadas a traición porque los traidores y canallas son otros, no él. No injuria ni cubre de improperios al torero que lo va a matar ni al "honorable" público que gozará con sus dolores, se extasiará hasta el frenesí a la vista de su sangre y aplaudirá gozosamente su agonía y su muerte. No pierde la dignidad jamás. Pasado el primer tercio de la corrida ha comprendido ya que está perdido, que va irremisiblemente hacia la muerte, pero tiene el heroísmo, la integridad y el coraje de no lamentarse, y mira su terrible destino cara a cara porque, inteligente como es, ha comprendido que el que solamente sabe pelear, debe saber morir peleando y eso es lo único que debe saber el que no sabe pensar, sino pelear.

Estocolmo, 22 de mayo de 2008
* de Carlos Vidales <
carlos@bredband.net > para NTC
fecha 22-may-2008 0:50 . asunto Saber pensar
Con saludos, casi al estilo de Borges (ciego). Carlos
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** Reproducido en el portal del DEBATE:
Debate No. 6 Mayo 22/08,
http://literaturaenelvalle.blogspot.com/2008/01/contornos-de-la-crtica-literaria-en.html
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de FUNDACION FICA <
fundafica@gmail.com > http://www.cronicon.net/fica/presentacion.htm para NTC
fecha 21-may-2008 14:07
asunto Re: Saber "pelear". A propósito del DEBATE "LITERATURA EN EL VALLE" ...
enviado por gmail.com
GRACIAS
NTC … .
HERMOSO EDITORIAL DE LA REVISTA DE LA REVISTA SEMANA. MUCHAS GRACIAS, UNA BUENA LECCIÓN.
GERRIMO
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A PROPOSITO DE ESTE DEBATE ...
“ … debatir ideas. … el debate … . A lo que se enseña en realidad en estas asociaciones es a argumentar. Y como nadie sabe de qué lado le va a tocar, es perfectamente imposible personalizar el debate: nadie puede atacar a su contrincante de manera baja y personal. Se aprende a disentir, a desarrollar la argumentación lógica, se aprende oratoria, capacidad de persuasión, se aprende a pensar en ideas y no en personas, se aprende a criticar y a ser criticado, a defender un punto y a atacar otro, …”

EDITORIAL
ARCADIA No. 32. Mayo 2008 . Pág. 3.
http://www.revistaarcadia.com/
Saber pelear
En los colegios y universidades de muchos países del mundo desarrollado (con Gran Bretaña, Francia, Estados Unidos y Alemania a la cabeza), existen las llamadas "Debate Societies". Son asociaciones que lideran los maestros de los colegios o los estudiantes mismos, cuyo único fin es enseñarles a los jóvenes a debatir ideas. En los colegios, los alumnos deben comenzar a participar en estas sociedades desde los doce años más o menos.
La cosa funciona así: en el debate se participa como grupo y no como individuo. Ese grupo escoge una o dos personas para representarlo en uno de los debates pro­gramados. Los tópicos de los debates son escogidos por 'The chair' ('La silla', o el maestro de ceremonias), y su elección se basa en sugerencias de los grupos. El tema es, en el fondo y de lejos, lo menos importante de todo el proceso. Por ejemplo, la frase que se va a debatir puede ser: "Hay que prohibir los experimentos con animales", o "No se deben pasar imágenes violentas en televisión", o "Es necesario reestablecer la pena de muerte", o "Los libros deberían ser gratuitos". Ninguno de los dos grupos sabe, sino hasta 15 minutos antes de comenzar el debate público (que se hace desde una tarima, en un auditorio, en presencia de todos los alumnos), de qué lado les va a tocar: si tienen que defender la frase -ser proponentes- o atacarla -ser opositores.
Así, puede que a una joven ultracatólica, acérrima opositora del aborto por educación familiar y por fe, le toque defender la despenalización, o un joven libertario y rebelde se vea obligado a hacer un elogio enfebrecido de los valores tradicionales de la familia. O incluso pueden darse circunstancias más delicadas: que a un alumno cuyo padre acaba de morir por torpeza médica le toque defender el sistema de salud pública, o que a una niña cuya madre tiene enfisema pulmonar tenga que defender los derechos de los fumadores.
A lo que se enseña en realidad en estas asociaciones es a argumentar. Y como nadie sabe de qué lado le va a tocar, es perfectamente imposible personalizar el debate: nadie puede atacar a su contrincante de manera baja y personal. Se aprende a disentir, a desarrollar la argumentación lógica, se aprende oratoria, capacidad de persuasión, se aprende a pensar en ideas y no en personas, se aprende a criticar y a ser criticado, a defender un punto y a atacar otro, y como las reglas del debate son tan estrictas (tiempo de intervención, tipos de argumentación) y los sistemas de puntajes tan escrupulosos (frases de mal gusto restan puntos, lograr poner en evidencia con elegancia fallas de argumentación en el adversario suman puntos), se aprende también a respetar la normatividad de una institución.

Cuando en Colombia se escucha al presidente Álvaro Uribe, que encarna la instancia máxima de la institucionalidad del país, arremeter contra el senador Gustavo Petro, contra el investigador y columnista León Valencia, o contra el activista de derechos humanos Iván Cepeda, de una manera tan soez, personalista, chabacana y, sobre todo, infantil ("farsante" es un adjetivo de pelea barriobajera), nos encontramos frente a un contundente recordatorio de que en el país no hay tradición de debate crítico.
Y como bien sabemos, la abrumadora ausencia de esta tradición tiene en Colombia secuelas más que peligrosas.
Es tan grave la situación (tanta la mala educación de las clases educadas) que se supone una grave falta el simple hecho de disentir. El astuto (¡que se cree muy educado!) siempre dirá que está de acuerdo cara a cara y luego se irá a echar pestes en cuanto el otro no esté delante. Por eso, el estilo de Uribe es una novedad: ese insulto frentero que tanta gente confunde con valentía y que no es otra cosa que temeridad.
Pero es un insulto sin argumentos. Por eso, es una falacia pensar que las palabras de Uribe invitan al debate. Porque ni propone ni se opone. Solo ofende y ataca a personas.
Y lo mismo pasa en la mayoría de las instancias públicas y privadas de la vida colombiana, sin importar el estrato: nadie sabe disentir, porque a nadie se le ha enseñado a argumentar, y porque todos creen que manifestar un desacuerdo equivale a insultar.
No es cierto. Insultar es lo que hace el Presidente. Y es sumamente grave.
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14 Mai, 2008. 19 h. París.
CALI-GRAFIAS. LA CIUDAD LITERARIA (Es.) - Cali-graphies: La cité littéraire (Fr). LANCEMENT DE LA REVUE VERICUETOS 22 : CALI-GRAPHIES A Paris :
mercredi 14 mai à 19h, Université Sorbonne-Paris IV, Institut d'Études ibériques et latino-américaines, 31 rue Gay Lussac, salle Delpy. Avec la participation de Yves Moñino, Libia Acero-Borbón, Camilo Bogoya, Eduardo García Aguilar et Efer Arocha. Lecture des textes par les traducteurs, en français et en espagnol.
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ENTRE EL RIO CALI Y EL SENA
PASANDO POR CHIPICHAPE Y YUMBO

París 15 de mayo de 2008
Por Efer Arocha,
arocha.efer@wanadoo.fr
http://blogs.aol.fr/libiahb/vericuetos22/ (Allí imágenes y otra información)
. Imágenes y registros del evento:
CALI-grafías. Cali-graphies. Lanzamiento en París
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Bajo el dintel de una antigua edificación que alberga a la Sorbona IV, un grupo de rezagados asistentes a la lectura en la sala Delpy, se protegía de los goterones que caían. París estaba en aguacero, cumpliéndose el augurio del poema de Vallejos. A pesar de lo alto de la noche, los ateridos se comportaban como manifestantes en desfile público, gritando al unísono ¡Viva
Cali-grafías! blandiendo un libro que ahora se había convertido en bandera. Los ocupantes de los vehículos que cruzaban enfrente, aplaudían porque pensaban que éramos liceístas protestando contra la reforma de la educación. No obstante de ser tan pocos, llenamos dos cafés adyacentes a la casa de estudios.

En la panza de los dos bares se formaron grupos donde la verba resucitó los pretéritos, los que empezaron en Cali, para luego pasar a Palmira, Buga, Cartago y poblaciones circunvecinas, donde la añoranza, el suspiro y la nostalgia abandonaron el pasado para expresarse en un continuo presente. Se hablaba de Chipichape, del parque de los poetas, del Colegio Santa Librada. Retornando a París se detuvieron en el comentario de una traducción que en disimulo en un rincón, hicieron René Gouédic e Yves Moñino antes de la presentación, en torno de una palabra argótica que nació en los arrabales de París entre las conversaciones de bandidos, a finales del siglo XVI, la cual en la actualidad presenta abolengos poéticos.

Mis contertulios acotaban sobre otro momento que fue el de mayor hilaridad de la mesa,
Eduardo García Aguilar , por fuera de parámetros habló de mayo del 68, fustigó a las esclerosadas instituciones literarias colombianas, y lleno de emoción lanzó a Cali-grafías sobre el auditorio que afortunadamente cayó en un claro del público sin consecuencias para lamentar; cerrando su intervención en este acto, entre estruendosos aplausos. Siguiendo en cuita discernían cómo nuestro anfitrión, Camilo Bogoya, con agudo pulso doctoral moderó la actividad impecablemente hasta el final.

En zigzagueo por lo espontáneo, entre bandazo y bandazo, los bebedores se detuvieron en Pance, Yumbo, especularon sobre el nadaísmo mencionando a Jotamario Arbeláez, para luego enrumbar hacia la revista Golpe de Dados y anecdotizar sobre Jaime García Maffla, Enrique Buenaventura , Gabriel Ruiz , Julián Malatesta ; mientras que en otro grupo se oían comentarios sobre Arturo Alape , Gustavo Álvarez Gardeazábal , Fernando Cruz Kronfly , Oscar Collazos , Umberto Valverde y en ese orden, en los bares fueron recordados, evocados e invocados todos los publicados. De improviso la conversación retornó a París mencionando a
Yves Moñino , que se encontraba en el otro café y quien con palabra de pasión desbordante había hecho una ligera semblanza de cómo ve él y comprende a Colombia, y los ajetreos de las angustias y penurias del trabajo de traducción.

Se habló también del efecto de los autores compilados, de la impresión causada en el auditorio por los textos leídos, y como sucede siempre en materia de gusto no hubo unanimidad. En lo que sí se presentó acuerdo, fue en que estos poetas y escritores sorprendieron, inclusive a los especialistas presentes. Los que siempre trasiegan por ese camino ya agotado, por el trajinar de los clásicos latinoamericanos; empezando por Borges, García Márquez, Carpentier, y para no mencionar más, Vallejo y Neruda. Autores que presentan desgaste y porqué no decirlo, aburren a las nuevas generaciones de lectores por el machaqueo, porque son el tema eterno del pénsul de estudio, simposios, conferencias y demás actividades escriturales.

Cuando terminamos la lectura, cerrada ésta por Libia Acero-Borbón, quien leyó a sus traducidos, los asistentes franceses me abrumaron con preguntas, comenzando por quiénes eran los compiladores,
Fabio Martinez y Hernando Urriago , quedaron admirados por la diversidad de textos. Otros me averiguaban sobre la ciudad, sus bibliotecas, instituciones, universidades, etc. Un jurista deseaba saber de cómo funcionaba el Tribunal Superior de Calí. Otros se sorprendieron por la calidad de impresión de la publicación, una de ellas fue Anne-Marie Brenot que hasta el año pasado dirigió el departamento de literatura de la Universidad de Versalles; pregunta válida, porque las universidades francesas no tienen servicio de publicación para la literatura, ni en francés ni en otras lenguas. Mientras esto sucedía Germán y Rocío Sarmiento hacían entrega de la publicación a los traductores y a los integrantes de la revista. Algunos de los asistentes nativos me anotaron sus números telefónicos para que le sugiriera el momento propicio para viajar a la ciudad, sin correr el menor riesgo, porque Cali quedó incluida en la agenda de viajes entre los sitios para conocer y descubrir.

La tradición francesa para las lecturas literarias está caracterizada por la brevedad, por ello, a veces la parte más interesante del acto literario se sucede en el intersticio que queda entre bocado y bocado en un restaurante, en ese saborear la buena mesa. Nosotros preferimos esta vez orientarnos por la tradición colombiana; luego del brindis en la Sorbona continuamos la fiesta en otro lugar más propicio para saborear el texto valluno y caleño, aromándolo con abundantes botellas de vino.

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RESONANCIAS Y DERIVACIONES .
OTRAS COLUMNAS Y COMENTARIOS
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Cali-grafías
Por Philip Potdevin
EL PAIS, CALI, Mayo 19 de 2008. Opinión. Columna "Aroma de camias."
http://www.elpais.com.co/historico/may192008/OPN/opi5.html
Reprodujo y difunde: NTC … Nos Topamos Con … http://ntcblog.blogspot.com/ , ntcgra@gmail.com *

El lanzamiento en simultánea en Cali, Bogotá y París del libro Cali-grafías, la ciudad literaria (1) , antología de textos bilingües español-francés que hacen referencia a nuestra ciudad, ha tenido una gran acogida. De igual forma se ha convertido en un petit-scandal entre una parte de la intelectualidad local. La razón, la de siempre cada vez que se arma una antología: los excluidos suelen ofenderse, al comprobar que, inexplicablemente, no están allí.
Más allá de las pasiones que suelen mover a los escritores, que afortunadamente hierven en ellos para poder generar su obra literaria, es necesario hacer un brindis por este increíble esfuerzo que duró varios años en gestación.
La Revista Vericuetos (2) , bajo la constante labor de Efer Arocha, lleva una larga tradición, en alianza con la Universidad del Valle, de publicar textos bilingües en español y francés. Su más reciente logro es esta antología, que recoge más de 80 textos de diferentes autores, la mayoría vallecaucanos que hablan sobre Cali, de allí el afortunado nombre de la antología.
Me confieso un amante de este tipo de ediciones, en los que es posible adentrarse en el idioma original del autor y tener atisbos, cuando no se domina la lengua original del texto, de la belleza con la que el autor trata su propio idioma. En el caso de Cali-grafias, el atractivo que tiene para el lector local es disfrutar del sabor de la caleñidad en francés.

Fabio Martínez y Hernando Urriago han realizado una excelente labor de compilación, obtención de permisos y coordinación, con Yves Moñino, de la traducción de los textos escogidos.
El resultado, una preciosa y cuidada edición en más de 400 páginas, que permite al lector darse el gusto de ver a la ciudad retratada de múltiples maneras, en prosa y verso, a través de un prisma que abarca cinco generaciones de autores, desde Isaías Gamboa, poeta caleño de fines del Siglo XIX hasta la joven cuentista Angela Rengifo, galardonada por su obra cuentística.
El pequeño escándalo lo ha provocado el excelente, premiado y respetado escritor de Palmira, Julio César Londoño, colaborador de estas mismas páginas editoriales. Es una verdadera lástima, por la razón que fuere, que haya quedado excluido de esta importante antología.
De igual forma también es una lástima que Julio César, quien ha hecho mayores méritos que algunos de los que sí fuimos incluidos, haya sucumbido su gramática pluma a la oscura fuerza del ego maltratado para irse lanza en ristre contra la antología y contra Fabio Martínez.
El usar su columna en este diario para manifestar lo dolido que se encuentra suena entre sus colegas a una formidable pataleta, según se constata en varios chats y blogs que circulan por estos días en internet. (3)
Si ampliamos nuestra perspectiva, aceptemos que las columnas de opinión son, afortunadamente, efímeras y fácilmente olvidadas. En cambio, las antologías suelen buscar su destino en las bibliotecas y allí perduran un poco más. Cali-grafías quedará para deleite de cualquiera que en el futuro quiera ver a Cali narrada por quienes la ciudad los tocó y han querido dejar así su propio testimonio.

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NoTiCas ... de NTC …
* Reproducida en:
http://literaturaenelvalle.blogspot.com/2008/01/contornos-de-la-crtica-literaria-en.html
(1) http://ntc-eventos.blogspot.com/2008/04/cali-grafas.html
(2)
http://blogs.aol.fr/libiahb/vericuetos22/ y http://blogs.aol.fr/libiahb/VERICUETOS/
(3) http://literaturaenelvalle.blogspot.com/2008/01/contornos-de-la-crtica-literaria-en.html
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El libro en y adquirible por internet :
Cali-grafías. La ciudad literaria (Cali-graphies. La cité littéraire)
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BARCAROLA
CALIGRAFIAS DE CALI PARA EL MUNDO
POR: UMBERTO VALVERDE
Diario Occidente, Cali, Mayo 15, 2008
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Fabio Martínez y Hernando Urriago publicaron una invaluable antología llamada CALI-GRAFIAS. LA CIUDAD LITERARIA , que reune a más de 65 autores, en compañía de la revista Vericuetos, editada en París, edición con textos en español y francés, que congrega un amplísimo panorama desde Jorge Isaacs hasta escritores menores de treinta años. El libro ya se lanzó con éxito en Cali, Bogotá y París.
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Las antologías siempre serán polémicas, porque los responsables, en este caso Martínez y Urriago, implementaron, como es natural, un criterio de selección. También hay que decirlo tuvieron problemas de derechos de autor y finalmente acogieron recomendaciones de los traductores franceses.
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Este libro, que causa escozor porque la publicación es bilingüe, da cuenta sobre diferentes discusiones que se plantean acerca de si existe una literatura del Valle del Cauca. La literatura, como la música, es una sola. Es buena o es mala. Pero es claro que existe un acento local que debe ser universal. Esta discusión bizantina no hay que llenarla de radicalismo señoritero. Joyce hizo un una novela escrita en jerga de su ciudad. Cabrera Infante construyó una Habana imaginaria desde la música y la noche. Vargas Llosa descubre una Lima de su adolescencia en sus cuentos y primera novelas. La diferencia de la universalidad es el acento local. La grandeza es cómo saber hacerlo para que ese “pequeño mundo” trascienda a un lector anónimo. Por lo tanto, existe una literatura del Valle del Cauca con grandes y pequeñas expresiones.
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Los resentimientos personales y pequeñeces por no quedar incluido en esta antología u en otra es propio de una parroquia y de sus personajes de farándula local. Martínez y Urriago hicieron un trabajo que debe ser reconocido y respetado. Puntos de vista en crítica pueden existir, como en todo, pero que se expresen con altura y dignidad, no con la herida abierta de la infamia.
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*** Intermedio
Jotamario Arbeláez , jmarioster@gmail.com
para NTC < ntcgra@gmail.com >
fecha 12-may-2008 19:04
(Se publicará mañana en EL PAIS de Cali http://www.elpais.com.co/historico/may132008/OPN/opi2.html )
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Hace algunas semanas, cuando el escritor palmirano Julio César Londoño afirmó que las literaturas antioqueña y bogotana eran más nutridas y mejor condimentadas que la valluna, el escritor y profesor Fabio Martínez lo tomó a pecho, considerándolo una ofensa contra nuestra geografía, y se generó una agarrada de mechas –circunstancia que favorece a Martínez- o escaramuza municipal que ya va por Francia. Londoño postulaba 16 prospectos a los que Fabio opuso otros 16, dando la feliz coincidencia, por lo menos para El País a ver si me suben el sueldo, de que soy el único que figura en las listas opuestas. Moñona. Antes no clasificaba en ninguna.
.Julio César no contempló a Martínez en su lista, ni Martínez a sí mismo en la suya. Pero para hacer que el primero se tragara sus palabras, el segundo se propuso (en compañía de Hernando Urriago) una superproducción editorial con 76 escritores regionales, más algunos nacionales que le cantaron o vivieron en el Valle, entre los cuales figuran un antioqueño, tres chocoanos, un gringo y un pastuso y medio. Para hacerla más ambiciosa y de cobertura interoceánica se alió con el gran Efer Arocha, de la revista Vericuetos, que se edita en París, para que la publicación resonara en español y francés.
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La edición resultó preciosa, con una alegre y sugestiva carátula de Diego Pombo, La banda de guerra, en homenaje a ese otro loco que se nos fue a mendigar al cielo. Debo destacar –y agradecer- que por primera vez se le da a la delegación nadaísta participación tan principal, pues figuran -a más del suscrito, de Santa Librada-, el profeta Gonzalo Arango, de Andes, el monje loco Elmo Valencia, de Saavedra Galindo, el cantor del Monte Athos y recientemente doctorado Honoris Causa por la Universidad de Atenas Armando Romero, del barrio Obrero, y mi hermano el poeta místico de El Seminario, Jan Arb. Del grupo solo faltaron, “el nadaísta de Cartago” y “el soldado desconocido”.
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Extraña que de los 16 escritores propuestos por Fabio para contrarrestar la lista de Londoño, no figuren en el libro ni Alberto Dow, ni Alfredo Vanín, ni Carlos Arturo Truque, ni Eugenio Barney, ni Helcías Martán Góngora, ni Medardo Arias. La autoexclusión de los compiladores se entiende, por elegancia, y para evitar suspicacias. Alfredo Ocampo Zamorano y José María Vivas Balcázar no figuran ni por el forro, en las listas ni en el libro. Ni Hernán Hoyos, el famoso pornógrafo. Pero creo que fue un gran error eliminar al contendiente, a quien indirectamente se debe el libro, a Londoño Julio César, lo que ha dado lugar a que la pita se rompa por la parte más fina. El agraviado ha publicado su hoja de vida pasada, presente y futura, bastante carnuda, por cierto, y puesto el grito en el cielo por el ninguneo. Él había dicho que la literatura valluna era pobre, pero ahora nos queda claro que, sin él, es prácticamente indigente. ¡Ay dolor!
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Y es que no hay nada más ingrato que hacer antologías, porque –voluntaria o involuntariamente- siempre termina por olvidarse a alguien. Y el brinco del olvidado algo arruina del enjundioso trabajo de muchos meses. No del todo, porque Cali-grafías, como se llama el libro, Cali-graphies, se defiende solo. Ni tan solo, con sus 76 escritores bilingües, así el vacío que deja Londoño sea tan inmenso como irreparable.
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La cosa sería de risa si no estuviera de por medio un esfuerzo loable y una inversión respetable.
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*** de Enrique Cabezas Rher < enrique_cabezas_rher@hotmail.com >
para ntcgra@gmail.com , fabiomartinez2002@yahoo.com
fecha 13-may-2008 14:22
asunto CALIGRAFIAS: LA CIUDAD LITERARIA
Apreciado director: alentado por el debate e interés suscitados por el libro CALIGRAFIAS. LA CIUDAD LITERARIA, me permito hacer una serie de consideraciones:
1.- El libro es formidable bajo cualquier criterio que se utilice para calificarlo, y los reparos que se le han hecho son ,en su mayoría, adjetivos.
2.- Es por demás encomiable el esfuerzo llevado a cabo por los profesores Fabio Martínez y Hernando Urriago; esfuerzo que magnifica el hecho de disipar la sospecha de que en el país ya sólo circularían libros sobre prepagos y traquetos.
3.- Más allá de la mala fe o de la distracción , no debe olvidarse que el criterio esencial para incluir textos en CALIGRAFIAS era el de aludir física o emocionalmente a Cali, y que por no hacerlo quedaron por fuera de esta antología magníficos autores como Helcías Martán, Medardo Arias y Alfredo Vanín, coincidencialmente coterráneos y/o parientes míos. De igual manera, no se pudo incluír en ella a quienes a pesar de haber sido preseleccionados no le enviaron a los autores del libro la certificación de que cedían sus derechos de autor.
4.- Se debe rechazar, por perversa y falaz, la sugerencia del señor Julio César Londoño en el sentido de que los autores del libro utilizaron dinero público para editarlo
Cordialmente, Enrique Cabezas Rher
P.D. Como está de moda esgrimir los pergaminos, le incluyo, respetuosamente, los míos: Premio de Novela "Universidad del Valle", Premio de Novela "Ciudad de Pereira", Premio de Novela "José Eustasio Rivera". Finalista en el concurso de Novela Plaza y Janes.
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*** de Gerardo Rivas Moreno. FUNDACION FICA
< fundafica@gmail.com > http://www.cronicon.net/fica/presentacion.htmpara
Para: NTC < ntcgra@gmail.com >
fecha 13-may-2008 5:00
asunto Re: El brinco del olvidado. Por Jotamario Arbelaéz. Columna.
Existen intelectuales de intelectuales. Los intelectuales superiores pertenecen a las mentes superiores a esas inteligencias creadas en San Carlos por el filósofo de filósofos Doctor José Obdulio.
Parece que el Emperador Julio César se empecinó con el Literato Fabio y sus colaboradores, con el libro de Caligrafías y ha dado su última palabra.
Las Cali-grafías de Fabio, Hernando y Efer, rememoran a un Cali olvidado por los nuevos filósofos. Es una pequeña muestra de sitios, de lugares vitales, de personajes y remembranzas. En el exterior, a los desterrados de esta Colombia inmoral, les llegará al alma.
Me quedo con Fabio. Deploro la actitud de Julio César, magnífico escritor lleno de cucarachas contra nuestra ciudad.
Cordialmente, Gérrimo
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*** De: Boris Salazar <bosalazar@gmail.com>
Asunto: suicidio
A: "fabio martinez" < fabiomartinez2002@yahoo.com> CC: NTC ...
Fecha: lunes, 12 mayo, 2008, 10:36 pm
Mi estimado Fabio:
No sé si estás controlando la mente de Julio César Londoño, pero su última columna parece escrita por su peor malqueriente. Te declaró máximo árbitro literario del Valle y se declaró a sí mismo el más glorioso de los escritores desconocidos por vos. Toda una hazaña.
Te debés estar riendo ahora.
Nos vemos, Boris
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*** De: Quintero Hincapié <elviralejandraqh@yahoo.es>
Asunto: RE: saludo y libro
A: fabiomartinez2002@yahoo.com . CC : NTC ...
Fecha: lunes, 12 mayo, 2008, 10:07 pm
Querido Fabio:
El viernes pasado estuve en Cali y pasé unos minutos por Univalle para recoger el ejemplar de CALI-GRAFÍAS.
Quisiera decirte que me ha parecido un trabajo precioso. Te agradezco por esa edición tan cuidadosa y por favor, dale mis agradecimientos también a Hernando Urriago.
Hice la lectura también en francés y me encantó. En fin, que quedé con una emoción muy grande: qué belleza.
No sé si han pensado donar algún ejemplar a la Biblioteca de Unicauca. Si es así yo puedo llevarlo...!!!!
Bueno, quedo atenta. Abrazos, Elvira Alejandra.
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*** De: Juan Merino < juanmerino19@yahoo.com >
Asunto: Felicitaciones Fabio
A: fabiomartinez2002@yahoo.com Cc: NTC …
Fecha: lunes, 12 mayo, 2008, 5:15 pm
Hola Fabio:
Ya estoy en Cali. Estuve mirando la antología. Estupenda!!!! Mis felicitaciones más sinceras por el enorme esfuerzo... . Y por difundir en otro país y en otra lengua la literatura de nuestra región...
Llegue justo el día que se publico en El País la andanada contra ti y la antología del señor Londoño. Apenas me lo podía creer! Que provincialismo y que veneno! Esta bien que no le guste, que discuta los meritos literarios y selectivos, pero de allí a llamarte pusilánime y a que estás usufructuando los dineros públicos... . Es lamentable. Cosas como estas me alegran de estar lejos de baremos tan bajos.
Su mitomania en cambio no me sorprende... Todos los logros literarios de ese señor Londoño (que los tiene, porque a mi juicio escribe muy bien) los multiplica!
Recuerdo muy bien (porque yo participe y no gane nada en el concurso) que cuando recibió el séptimo premio en el concurso de cuentos Juan Rulfo, un premio seco que concede la Feria del Disco de Argentina, o de Uruguay o de Chile (eso no recuerdo) salió a proclamar que se había ganado El premio de cuentos Juan Rulfo.
Que tal que todos los ciclistas que se ganan una meta volante salieran a decir que se coronaron en el Tour de France ,)
Con un abrazo, Juan Fernando Merino
ps. seguramente estaré el jueves en el lanzamiento del libro de Pepe Zuleta
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*** de Guillermo Cobo < coboguillermo@yahoo.es >
para NTC < ntcgra@gmail.com >
fecha 13-may-2008 7:07 asunto RE: Fwd: El brinco del olvidado. Por Jotamario Arbelaéz. Columna.
El poeta Jotamario es razón respetable para criticar el libro. No se diga más.
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El licenciado y el coronel
La plana. Por: Julio César Londoño.
EL PAIS, Cali, Mayo 10 de 2008
Me había prometido no volver a ocuparme del licenciado Fabio Martínez, pero tocó, porque acaba de publicar Caligrafías (1), una antología de autores colombianos, en su mayoría vallecaucanos, escogidos nadie sabe cómo. El prólogo no dice con qué criterios se hizo el libro. Lo cierto es que allí están todos los escritores de la región que han pergeñado alguna línea meritoria y los que algún día la escribirán, todos, excepto el autor de ‘La plana’: el licenciado resolvió excluirme, decisión que respeto: al fin y al cabo es su antología, y no es la primera ni será la última fiesta a la que no me invitan.
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Además, me consuelan otras cosas. Hace poco, por ejemplo, la Biblioteca Departamental puso una gran foto mía en su monumental fachada (2) , entre los ocho grandes de la literatura vallecaucana de todos los tiempos. Es mi roce más cercano con la inmortalidad. Llevé a mi mamá y a mi mujer y nos sentamos al frente a comer chontaduro y a contemplarme desde la acera de la posteridad. Los editores del número 74 de la revista francesa Caravelle incluyeron un cuento mío en una selección de relatos colombianos. También fui incluido en la antología del cuento colombiano que Peter Schultze-Kraft publicó en alemán en el 2001 y en la que Luz Mary Giraldo hizo para el Fondo de Cultura Económica en el 2005. Mi Pesadilla en el hipotálamo (3) fue incluida por Panamericana en Cuentos fantásticos, una antología universal donde figuran Garmendía, Garnet, Landolfi, Bioy Casares, Arreola, Gogol, etc. (Verdes de la envidia, mis amigos dicen que fue un ‘arepazo’. Tienen razón). En el 2007 mi primera novela, Proyecto piel, fue finalista del Premio Planeta-Casamérica, uno de los concursos más prestigiosos del género en el mundo (Planeta la publicará en junio). Voy a escribir ya en Playboy y en El Espectador, y en el mes de las cometas, me informa mi traductora al húngaro, Székács Vera, se publicará en esa oscura lengua El decamerón latinoamericano, una antología de cuentos donde me codearé con Carpentier, Cabrera Infante, Vargas Llosa, Fuentes, Asturias, Cortázar, Borges, ‘Gabo’ y Monterroso, entre otros fulanos. Sólo faltaba arreglar con Carmen Balcells los derechos de los cuentos de sus protegidos. (4).
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Lo que no puedo aceptar es que el licenciado le diga a la gente, como a Germán Patiño y a Diego Pombo, que me excluyó de Caligrafías (1) porque no autoricé la publicación de mis textos. Falso. Si no fuera tan pusilánime diría la verdad: “Lo excluí porque me dio la gana”. Pero no lo reconoce para que sus editores, los directivos de Univalle, piensen que el libro fue un producto profesional, no un instrumento de sus odios personales. Cuando quiera hacer sus antologías, licenciado, hágalas con su plata, no con los dineros públicos.
***
PD: Ejemplar la condena al ex coronel Byron Carvajal, sí, pero lamentable que aún no sepamos los móviles del infame suceso. Si no fue una confusión sino una masacre alevosa, ¿a quién le hizo el mandado Carvajal? La pregunta es clave porque Jamundí era una zona de influencia de ‘Don Diego’ y ahora puede ser de sus ‘herederos’. ¿A quiénes protegen con su silencio Carvajal
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NoTiCas de NTC … :
(1) Sobre el libro CALI-GRAFIAS. LA CIUDAD LITERARIA (<--- click)
(2) El link es nuestro. La monumental fachada, con la foto del escritor, la publicamos, en Octubre de 2007, en http://ntcpoesia.blogspot.com/2007_10_12_archive.html y http://literaturaenelvalle.blogspot.com/2007/10/blog-post.html (Fotografía de la fachada tomada por Ma. Isabel Casas de NTC ... . Casi la coge un carro al hacerlo.) Es quizás la única foto que se ha publicado de esta fachada completa y de imágenes especiales de textos en los pendones (con un click se ven grandes).
(3) Texto completo del cuento http://www.noticiasliterarias.com/relatos_cuentos/relatos%20y%20cuentos%2013.htm (Premio Juan Rulfo, Paris 1998) . Este cuento aparece en la antología "Cuentos sin cuenta" que publicó (¿con "dineros públicos", también . ..?) Fabio Martínez en el 2003 http://www.lalibreriadelau.com/catalog/product_toc.php/products_id/2534?sid=4cc4d9dc821e23526ff7278e74fdabc4
(4) Desde hace más de 10 años, cuando NTC … circulaba como modesto mail entre reducido grupo de amigos, dando tímidos y asustados pininos, venimos publicando y reconociendo insistentemente la extraordinaria y bella obra del Escritor Julio César Londoño. Lástima que el magnífico escritor del "llanogrande" no haya invitado a su "su mamá y a su mujer", y a todos sus amigos del mundo (incluídos aquellos muchos que lo antologan), a ver (y verse en) la pantalla de su computador, comiendo chontaduro placidamente en el solar de su casa* en Palmira, bajo las lindas sombras rugosas y olorosas del "palo de chirimoyas* ..." . Cómo nos inquietamos al no ser mencionados dentro del amplio listado que nos recuerda el nombrado y antologado escritor ... . (En veces, con algo de sorpresa, se siente uno excluído y ninguniado ... . Y eso que NTC se publica-e muy modestamente, con escasísimos recursos de bolsillos no públicos ... . Pareciera como que nos faltara comer más contaduro ... )
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COMENTARIOS:
*** de Guillermo Cobo < coboguillermo@yahoo.es > ) para NTC …
fecha 10-may-2008 9:46
asunto Tapaos los unos a los otros
Cuando llegué aquí a Nueva York en diciembre de 1981, una de las dificultades que me asaltó fue la de evitar sentir nostalgia por mi patria. Había nacido lustros ha en Sopó, un pueblucho a pocas horas de la menos fría capital de la República, y era la primera vez que salía de Colombia. Y fue grande mi felicidad cuando en una de la Barnes & Noble de Union Square vi, celebradísimas, las obras de Gabo, incluso antes de que obtuviera el Premio Nobel.
Digo que fue grande mi felicidad porque quienes compraban los volúmenes del ilustre patriarca de Aracataca no eran tanto latinos ni colombianos sino gringos que lo querían leer en español y en inglés.Y un colombianito arraigado en N.Y. desde hacía mucho tiempo servía de guía de uno de los futuros compradores; pero lo cierto es que denostó todo el tiempo del Maestro, diciendo que era una literatura costumbrista, aparte de que sacó a relucir el pasado político de Gabo y otras difamaciones que seguramente en Colombia ustedes han escuchado o dominan.
Todo esto lo digo después de leer la columna del marisabidillo Julio César Londoño, quien, como me han informado algunas amigas de Cali y Bogotá, le sigue apostando al ridículo y a la provocación gratuita. Ahora la emprende contra el libro que han sacado los escritores Martínez y Urriago justamente porque él no está en la antología. Me pregunto: ¿Por qué en una patria que no termina de desangrarse, ustedes siguen predicando inversamente el precepto católico que dice "amaos los unos a los otros" y a cambio se diluyen en el "tapaos los unos a los otros" como hicieron en su momento con Gabo y con otros escritores de la Generación del mismo Premio Nobel?
A los colombianos los está matando el espíritu de Caín. Y lo peor es que Londoño lleva a cuestas esa funesta estirpe de Fernando Vallejo y de Barba Jacob, absolutamente fracasados y absolutamente desconocidos, por donde se les mire.
Guillermo Cobo Cerón.
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Subject: protesta contra columna de Londoño
Date: Sat, 10 May 2008 10:14:46
Señores, NTC: A través de un amigo a quien le llega NTC me informé de la publicación de la antología caleña "Cali-grafías". Por esto, estuve en el lanzamineto del libro en la Feria de Bogotá y adquirí el libro en el stand de Univalle. El libro es precioso por su portada y por la rica producción literaria sobre nuestra ciudad. No entiendo las palabras del señor Londoño. ¿Por qué ataca un libro que es una muestra de nuestra literatura? ¿Que expresa nuestra identidad literaria?Como estudiante de literatura, le exigo al señor Londoño que tenga nivel con la crítica. Que sea responsable en su columna de opinón. Su espìritu dañino, de persona frustrada y pesimista, es lo que nos tiene fregados a Cali y al país. Mi abuela, una caleña fututa, decía que esto era "calibalismo". ¿Por qué no aplaudimos nuestros logros? El señor Martínez ya le respondió con hechos. Felicito a Univalle por esta publicación tan hermosa. Atte. Amparo Zúñiga. Estudiante de literatura.
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*** de alberto caceres < alcaceres2005@hotmail.com > para : ntcgra@gmail.com
fecha 10-may-2008 10:43
asunto : Londoño: qué crítico tan bajo
Qué crítico tan bajo.
Señores NTC, Leí la columna de El País, del señor Londoño contra el libro "Cali-grafías" y me parece deplorable. Argumentar que le han sacado una foto en la Biblioteca Departamental es un argumento de niños. Londoño se parece a Natalia París. No parece columnista de opinión. Se pega del rumor para protestar por una antología que es una muestra representativa de nuestra literatura. ¡Por primera vez los escritores caleños fueron traducidos al francés! Señor Londoño, suba, por favor, el nivel. Eleve la crítica. No escriba con las vìceras. Escriba con el talento. Atte. Alberto Cáceres. Profesor de literatura
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de Amparo Romero Vásquez , blestdelahoz@hotmail.com
para NTC < ntcgra@gmail.com >
fecha 10-may-2008 11:13
asunto RE: El licenciado y el coronel. La plana. Por: Julio César Londoño. HOY en El País
Amigos de NTC …: Gracias por enviarme el texto de Julio César Londoño, lástima que Julio César muestre su malestar de las forma que lo hace, parece un niño sacando a relucir sus grandes y pequeños alcances. Esto debe de parar, cada quien tiene su lista y punto. A veces es más elegante guardar silencio.
Cordialmente, Amparo Romero Vásquez
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de johnjairo palomino < revistamemoriacultural@yahoo.com >
http://jjpalomino.blogspot.com/ y http://es.geocities.com/memoria_cultural/index.htm ,
para NTC
fecha 10-may-2008 13:18
asunto los que faltan en la lista de caligrafias
Hola, amigos de NTC . Cordial saludo. Ignoro el criterio de la antología Caligrafias de la Universidad del Valle pero es un craso error dejar por fuera los nombres de: Angela Becerra, Julio Cesar Londoño y Medardo Arias.
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*** De: R. J. A. G. (Hemos solocitado al remitente autorización para publicar su nombre y mail)
Para: ntcgra@gmail.com
fecha 11-may-2008 10:37
asunto Punto final
Punto final
Soy médico de profesión pero un aficionado a la literatura. Quise estudiarla en la Universidad Nacional, pero mis obligaciones familiares pudieron más que mi deseo. Sin embargo he podido disfrutar de la literatura como un hooby, más que como algo profesional. He seguido con cierto detalle los aciertos del blog que usted orienta, pero quiero decirle que últimamente dicha página electrónica se ha dedicado más a la difusión del maquillaje-fashion de la cultura, y menos a la divulgación seria de ésta.
La cultura, quiero decirlo humildemente, no se hace ni con fotos ni con audios ni dándole cabida a las pataletas de los escritores. Creo que lo primero y lo segundo ayudan, mas lo tercero va en detrimento de los mismos creadores y críticos que en este país intentan hacer algo, algo, repito por la literatura.
Vi una nota en el canal Caracol, a propósito del libro de los escritores Fabio Martínez y Hernando Urriago. No los conozco, aunque he leído textos de ellos en algunos periódicos. Tampoco conozco en persona al escritor Londoño, a pesar de que lo escuché en el Hotel Intercontinental en el encuentro de médicos y la verdad, me pareció fatal, grosero, dañino e impertinente. Digo que vi esa nota en Caracol y me atrevo a decir, sin conocer el libro "Cali-grafías", que ya de por sí el mero hecho de que dos intelectuales de Univalle se pongan la camiseta de la literatura de la región es de por sí valioso. ¿Qué hacen la clase dirigente y los mismo intelectuales aburguesados por la literatura en Cali?
Por ejemplo, ahora quieren matar a Univalle, donde estudié medicina en los años ochenta. Quieren acabarla y los escritores, gestores culturales o como se llame que en ella enseñan, no dicen ni mú. ¡Qué les pasa! ¿O es que tienen el complejo de Kafka?
Respecto a la polémica por la literatura en el Valle, estoy de acuerdo con la poeta Amparo Romero. La cosa debe tener punto de final. Hay que leer el libro "Cali-grafías". Ojalá puedieran hacerse todos los años cosas como esta y no tantos festivales de arte o ferias del libro infladas que no sirven prácticamente para nada.
Espero que esta nota enseñe que un blog no se hace para contemplarse como una dama en él, y que la cultura va más allá de la notica de salón de belleza que muchas veces produce desconcierto e indigestión.
Adelante con tan valiosa gestión cultural.

P.D.: Estoy en desacuerdo con el señor Guillermo Cobo. Barba Jacob sí fue un gran poeta.
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*** de luis carlos estrada < luiscarlosestrada2000@hotmail.es >
para ntcgra@gmail.com
fecha 11-may-2008 12:35
asunto Por favor, el periodimso debe ser serio y responsable
Señor: Gabriel Ruiz, NTC, Director.
Como egresado de literatura y profesor, he seguido atentamente el "debate sobre la literatura vallecaucana" que usted de una manera obsesiva registra en su blogs virtual.
A continuación, voy a señalar algunas críticas y sugerencias. Lo hago de la manera más respetuosa.
1.- ¿Qué debate es serio cuando el señor Londoño utiliza su columna de El País para insultar a su crítico?
Recuerde que en un blogs, el señor Londoño le "declaró la guerra al señor Martínez".
2.- ¿Que debate es serio cuando el señor Londoño, como si fuera un niño, llora porque no lo metieron en una antología?
En toda antología no pueden, infortunadamente, estar todos.
3.- Los escritos del señor Londoño son temerarios y malediscentes. ¿Por qué pone en duda la publicación de un libro publicado por la Editorial de Univalle? ¿Acaso esta editorial no es seria?
4.- Una última pregunta sobre su rol periodista: Señor Ruiz, ¿Usted tiene patente oficial del Ministerio de Comunicaciones para ejercer como periodista? ¿Tiene usted algún grado que lo acredite como comunicador social?
Le hago estas preguntas, pues en su blogs usted no ayuda a elevar el nivel de la crítica, sino que la rebaja. Por lo que aprecio, usted es más bien un entrometido del periodismo más interesado en causar "amarillismo periodístico" que en presentar las coas como son.
El libro "Cali-grafías" es excelente. Es un gran esfuerzo que hay que destacar. Lo demás es chisme y mala fe. A la que usted se presta de una manera morbosa.
Si quiere, el único error que tiene "Cali-grafías" es haberlo metido a usted como poeta! ¡Qué gran error! ¿Dónde están sus libros? ¿Quién lo reconoce a usted como poeta? ¿Usted mismo?
Señor Ruiz, autorizo para que publique este texto en su flamante blogs "cultural". Y le sugiero que se matricula con urgencia en un diplomado en periodismo.
Atte. Luis Carlos Estrada. Egresado de literatura y profesor.
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La hora de la libertad
Por: María Elvira Bonilla
EL PAIS, Abril 25 de 2008
http://www.elpais.com.co/historico/abr252008/OPN/opi4.html

Se respira aire fresco, aire libertario en estas horas de autoritarismo de derechas y de izquierdas. La ceguera histórica que acompaña a diversas vertientes políticas en Colombia, y en tantos otros lugares del planeta, que lleva a abordar la realidad con dogmatismo, podrá darse una tregua con un libro sorprendente, que será presentado en la Feria del Libro: el ‘Diccionario anarquista de emergencia’, de Juan Manuel Roca e Iván Darío Álvarez.

En una combinación perfecta entre el poeta Roca y el titiritero Álvarez, logran una invitación al humor y al amor, a la reflexión sobre el otro, a rastrear el movimiento anarquista que llama a vivir sin permiso y a recordar que cada vez que la liberad se encuentra en peligro de extinción, aparece alguien, un anarquista que pinta un hueco en la pared de la celda y sale por él a la intemperie, con la dicha recobrada de saberse de nuevo dueño de las llaves del horizonte, como dicen los autores en su introducción.

Fueron años de investigación silenciosa para encontrarle una nueva significación a las palabras, distinta a la dominante, y reconstruir biografías de hombres y mujeres que decidieron vivir ‘a su aire’, en contravía a lo convencional. Sin simulaciones. Prefirieron el pensamiento y la creación; vivir en libertad antes que conformar rebaños obedientes, en mundos cada vez más masificados y estandarizados. Prefirieron ser consecuentes con sus principios y convicciones a la hora de construir sus individualidades. Héroes silenciosos y discretos, mujeres visionarias y valientes, vidas originales y valiosas, que asumieron el costo de escaparse de los códigos del poder y del reconocimiento.

¡Cómo refresca este libro en tiempos de unanimismo como el que agobia a Colombia! Tiempos en los que atreverse a pensar y disentir, a ser libre, suscita señalamientos y descalificaciones simplistas. Tiempos en los que el inconformismo, fuente de toda creatividad, es anatema, porque pareciera no existir opción distinta a la de formar parte de la inmensa mayoría, como condición de supervivencia social. ¡Vaya equivocación!, pues, como bien dice Camus, si el hombre fracasa en conciliar la justicia y la libertad, fracasa en todo.
***
Y hablando de libertad... otro libro Cali-grafías, nos recuerda que si ha habido un espacio de libertad en Colombia, ha sido en Cali. En un esfuerzo literario mayúsculo entre la Universidad del Valle y La Sorbona de París, dos escritores y académicos caleños, Fabio Martínez y Hernando Urriago, lograron en una edición franco-colombiana recopilar la producción literaria de Cali desde mediados del Siglo XIX hasta hoy. Aparecen poemas, fragmentos de novelas y prosas cortas de un centenar de vallecaucanos que, desde los más variados ángulos, han soñado, odiado, admirado o despreciado la ciudad.

El recorrido es largo. Pasa por los tiempos bucólicos y contemplativos hasta llegar con la fuerza contenida de una olla a presión a la verdadera literatura caleña de los años 60, dando origen a la literatura urbana en Colombia. Si bien, Andrés Caicedo sigue siendo la gran referencia, Cali-grafías remueve los archivos literarios para mostrar que fue todo un movimiento de jóvenes escritores que supo ponerle palabras a los sentimientos y a las emociones de aquella ciudad que acogió a centenares de inmigrantes pobres, que contribuyeron a despedir al villorio armónico, donde la vida era fácil. Después vino el miedo y la incertidumbre de los últimos 25 años, una atmósfera que aún no toma forma en la literatura, la pintura, el teatro y la palabra. Una deuda pendiente de la creación, que no ha conseguido mostrar con lucidez y estética esa Cali que sobrevive al filo del abismo, fragmentada, pendiente de ser reinventada.
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SE LANZÓ EN CALI el LIBRO
CALI-GRAFIAS. LA CIUDAD LITERARIA
Cali-graphies: La cité littéraire
UN GRAN APORTE AL DEBATE
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To: FABIO MARTINEZ, HERNANDO URRIAGO BENÍTEZ,
CC: Efer Arocha, Yves MOÑINO
DE: NTC
Cali, Abril 19, 2008.
Apreciados escritores y profesores Fabio y Hernando:
Atento saludo. De nuevo, nuestras felicitaciones por su extraordinario y trascendental trabajo y logro al publicar el libro CALI-GRAFIAS. LA CIUDAD LITERARIA - Cali-graphies: La cité littéraire . No hay duda que lo realizado por Ustedes, por el equipo de Vericuetos y por la Universidad del Valle es un significativo aporte al estudio, difusíon, debate y reconocimiento de muy buena parte de la literatura que han escrito poetas y narradores de la región o sobre temas relacionados con ella y de Cali específicamente.
Como antología, enmarcada dentro de miradas propias de quienes la elaboraron y en marco temático y coberturas restringidos, queda el libro a consideración de los expertos en literatura y en traducción y de los lectores comunes. Un escalón más en el debate sobre la "Literatura vallecaucana" que seguramente deberá continuar. En buena hora, con el libro se aporta, constructivamente, un "hecho contundente" - ¿una posible prueba reina?. No sólo palabras- a la polémica que sobre existencia y la "calidad" de dicha Literatura se había iniciado. Enriquecedor será esperar nuevos y fructiferos diálogos.
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CONTORNOS DE LA CRÍTICA LITERARIA EN COLOMBIA
Por Pablo José Montoya Campuzano *

Ilustraciones Juan Manuel Ramírez
Revista NUMERO # 55. Diciembre 2007, Enero y Febrero 2008- Pags. 66 a 71
Escaneó, reprodujo y difunde (“por amor al arte”): NTC … Nos Topamos Con … http://ntcblog.blogspot.com/ , ntcgra@gmail.com

Una crítica descarnada al ejercicio de la crítica literaria en Colombia, resaltando las figuras de Baldomero Sanín Cano y Rafael Gutiérrez Girardot; de dos narradores, Tomás Carrasquilla y Gabriel García Márquez, y de dos poetas, Aurelio Arturo y León de Greiff.

Hace más de medio siglo, Baldomero Sanín Cano hizo un pronóstico inquietante: en Colombia no existía crítica literaria. En breves pero justas explicaciones, Sanín Cano ponía en su sitio las pretensiones de muchos escritores de diversa índole. Todos ellos sospechaban -en realidad, algunos estaban convencidos de ello- que eran críticos literarios en un país cuya literatura apenas alcanzaba los honores maltrechos de ser menor. Sanín Cano constataba, en el artículo «El ocaso de la crítica», y apoyándose en lo que sucedió en la Francia y la Inglaterra decimonónicas, que una portentosa crítica literaria no tiene por qué surgir al lado de una portentosa narrativa o de una portentosa poesía. La crítica última, concluía, se presenta por lo general años después y en pequeñas cantidades. Sin embargo, en el caso de Colombia habría que plantearse otra cuestión: ¿cómo puede haber crítica literaria madura en un país dueño de una literatura de bajos niveles? Y más todavía: ¿cómo puede desarrollarse favorablemente este género en un medio social que ha sido siempre ajeno a la práctica de la lectura?

En prosa medida y memorable, Baldomero Sanín Cano enseñó a ver en medio de demasiados fuegos de artificio. Y esto lo practicó sin rencor ni prepotencia y manifestando un sabio sentido de las proporciones. Tal es uno de sus grandes atributos. En su obra Letras colombianas, por ejemplo, llama la atención sobre lo que es verdaderamente bueno en ese montón de nombres forjadores del panteón literario nacional, que va desde la Colonia hasta el modernismo. Es verdad que Letras colombianas presenta un cierto facilismo cronológico y que, como asegura René Uribe Ferrer, lo que interesa allí es la visión de cada autor estudiado y no la visión de conjunto, que es bastante irregular. Es verdad también que Letras colombianas está a veces invadido por nociones patrióticas y por la retórica de un estilo ceremonioso muy de su época, matices que han terminado por marchitar varios pasajes de este libro. Sin embargo, no se puede desconocer que Sanín Cano da allí una lección de sensatez intelectual, de claridad conceptual, y crea de paso uno de los pilares de nuestra aún precaria crítica literaria. Mejor aún, con libros como éste, el escritor antioqueño delineaba ya en plena madurez, pues el libro es publicado por el Fondo de Cultura Económica de México en 1944, el rostro de la crítica literaria en Colombia o del ensayo, que es en lo que ella aspira a convertirse. Vale la pena señalar, en este sentido, que la intención de Sanín Cano en Letras colombianas la retoma casi medio siglo después R. H. Moreno-Durán en Denominación de origen (Momentos de la literatura colombiana), libro publicado en 1998. Ambos libros se conectan en la propuesta cronológica y el ánimo de establecer mojones necesarios en el panorama de nuestra literatura. Ambos libros usan un lenguaje mesurado e inteligente en la alabanza y en la demolición. Y ambos libros sobresalen por la calidad de algunos de los ensayos dedicados a ciertos autores o tendencias (en Letras colombianas los capítulos dedicados al modernismo, en Denominación de origen los apartes donde Moreno-Durán analiza María, La vorágine o Cien años de soledad), y decaen cuando evaluamos su visión panorámica.

Sanín Cano es sin duda el mejor paradigma de la crítica literaria en Colombia. No sólo es quien inaugura, al decir de David Jiménez, la crítica moderna en nuestro país, sino que además con él se clarifican los contornos de lo que se supone fue nuestro precario panorama crítico en la segunda mitad del siglo XIX. Quiero decir que, en su lúcida defensa de una crítica literaria preocupada exclusivamente por el ámbito estético, y abierta a las grandes transformaciones del mundo secular, Sanín Cano es un fanal que siempre será necesario seguir. Por eso el homenaje que Rafael Gutiérrez Girardot le hace en su estudio sobre la literatura colombiana de la primera mitad del siglo XX, es más que merecido. La obra de Baldomero Sanín Cano, dice Gutiérrez, parece escrita en una época posterior. Contemporáneo de espíritus enciclopédicos pero abstrusos como el de Luis López de Mesa y de sensibilidades museísticas como la de Guillermo Valencia, Baldomero Sanín Cano se distancia por fortuna de toda la parafernalia literaria de una época sombría. Parafernalia de brumas que está especialmente representada por la figura de Miguel Antonio Caro. Por fortuna, para la historia de la crítica literaria en Colombia, es decir, para la que debe enaltecerse, en la batalla entre Sanín Cano y Miguel Antonio Caro ganó la laicidad tolerante sobre la energúmena religiosidad, la cultura cosmopolita sobre la capilla hispánica, la cínica sonrisa de Montaigne cultivada por Sanín Cano al gesto atrabiliario y amedrentador de Caro. Y vale la pena preguntarse ahora cómo es posible tomar en serio a una inteligencia como la de Caro que, en el plano literario, pensaba que la inspiración que animó a Virgilio para escribir la Eneida estaba penetrada por el espíritu cristiano; que consideraba un yerro tomar el Quijote como narración novelesca, y que miraba con desdén la novela porque ésta le parecía el más peligroso enemigo del clasicismo católico y el más asqueroso abanderado de la corrupción moderna.



Digamos, entonces, que Baldomero Sanín Cano y Rafael Gutiérrez Girardot son quienes marcan los contornos de la mejor crítica literaria en Colombia. Son dos nombres solamente, pero creo que bastan para que el balance que alguien haga de nuestro horizonte reflexivo de las letras no sea del todo oscuro. Ambos señalan, de manera feliz, un inicio y una evolución maduros. Aquel en que la crítica asume las formas inolvidables del ensayo. El primero lo hace desde el cultivo de un espíritu autodidacta que siempre merecerá, aun en los tiempos de la especializada academia, el mayor elogio y el más alto respeto. Porque la visión de Baldomero se apoya en la aguda intuición, fundamental para quien pretende prevenir de los aciertos y bajezas, de las elevaciones y caídas presentes en los mapas literarios. Y su vasta curiosidad, así como la práctica de una existencia viajera, son aspectos que le ayudaron a educar una sensibilidad y una inteligencia distantes de las múltiples variantes de la mediocridad intelectual. La presencia de Rafael Gutiérrez Girardot, a su vez, acentúa el perfil del crítico y lo profundiza. Y esto gracias al rigor de una formación académica encomiable de la que el profesor de Bonn ha sido quizás el mejor modelo en nuestro medio. Con esto quiero decir que apoyarse en ambos nombres podría garantizar ahora una cierta estabilidad frente a lo que es permanente desequilibrio en el ámbito de la crítica literaria. Son ellos quienes permiten afirmar, repito, que en Colombia respiran la sensatez, la transparencia y la independencia en el arduo oficio de escribir sobre libros escritores y lectores. La independencia que se mide porque desconoce el amiguismo, la ambición favorecida por prebendas políticas y no se deja fascinar ante los espejismos de los éxitos multitudinarios de libros y autores. Sin embargo, el panorama de la crítica literaria en Colombia, pese a estas presencias y otras más que en todo caso no son muchas (Rafael Maya; Hernando Téllez, Hernando Valencia Goelkel, R. H. Moreno-Durán, David Jiménez, ]aime Alberto Vélez y William Ospina serían algunos de estos nombres fundamentales), sigue conservando, según la afirmación de Sanín Cano, un cariz de triste actualidad.

El panorama actual se limita, sobre todo, al pequeño pero cálido recinto que algunas revistas culturales le han otorgado al espacio de la reflexión (El Malpensante, Número, la Revista Universidad de Antioquia, el Boletín Cultural y Bibliográfico del Banco de la República). Las editoriales nacionales miran con desdén el ensayo crítico como si fuera un vejete desdeñoso con las ventas. Al lado de la triunfal novela y la advenediza crónica periodística, el ensayo literario debe levantar los hombros, volver a su habitáculo de libros y continuar cultivando el sutil aislamiento, la reserva exquisita y el humor escéptico que lo ha caracterizado desde los días en que Montaigne, retirado en su castillo, escribió los Ensayos. Hace años que la prensa decidió, por razones poco convincentes, desalojar el ejercicio de la visión aguda de sus publicaciones culturales. Hoy, por ejemplo, se miraría con bochorno y como si esto fuera un signo de prepotencia intelectual, una de esas reflexiones lúcidas sobre la tradición humanística que hizo Hernando Téllez, o uno de esos elogios de la verdad que escribió en su momento Jorge Zalamea en el suplemento cultural de El Tiempo. La pretendida decadencia económica de los diarios del país parece justificar esta desaparición malhadada. Y acaso es una justificación válida, pero también obedece a que las meditaciones literarias poco interesan al público actual. Éste, ya nos lo ha demostrado con amplitud la sociedad de consumo en que nace, se reproduce y muere, es más proclive a lo ramplón, al facilismo y a la gris inmediatez.



Por otro lado, y aunque ayudan a conformar un útil estado de recepción de las obras de literatura que se publican, es riesgoso considerar las reseñas o las notas, que aparecen en revistas y en periódicos, como una forma plena de la crítica literaria en nuestro país. No hay que olvidar, además, que muchas de esas reseñas nacen más del entusiasmo fraternal, porque en Colombia sigue presentándose lo que Borges decía de la crítica literaria de su país: ella no es más que una de las maneras sospechosas de la amistad. Así mismo, otra buena parte de las reseñas surge de las presiones de los consorcios editoriales y no de la mirada minuciosa que rastrea y explica al lector lo que es bueno y lo que es deplorable, lo que apunta hacia la perfección y lo que se queda en meros balbuceos.

Tampoco es plausible creer que el mundo de la academia y sus estudios especializados, muchas veces cargados de un lenguaje que sólo satisface la sed de los mismos académicos, llena todo el espacio de esta preocupante ausencia. El artículo académico, ahora con las fórmulas de la «indexación», parece preocuparse sólo por llenar requisitos de institutos y no se configura en lo que debería ser: aquel texto apoyado en el rigor que desentrañe esencias, despeje tinieblas y señale nuevos caminos interpretativos donde hay congestión o ninguna ruta por seguir. Ese texto afianzado en el cultivo de una escritura que sea capaz de suscitar no sólo la emoción intelectual, sino el entusiasmo propio del rigor investigativo. Ya Edward Said, uno de los últimos y grandes exponentes de la crítica académica, previno frente a esta exacerbación de la jerga filológica, de corte ya sea estructuralista , psicoanalista o posmoderno, que se aleja peligrosamente de las múltiples y vitales realidades sociales y estéticas del texto literario. Autopsias interpretativas con bozales, señala Said, que dejan al lector extraviado en un limbo gramatológico sofisticado. Y sin embargo caeríamos en una actitud equívoca si se creyera, como lo creen algunos enemigos furibundos de los claustros universitarios, que desde la academia no sea posible arribar a las excelencias de la interpretación literaria. Ya se sabe que pulula un cierto autodidactismo que sigue a pie juntillas aquella divisa de Rubén Darío que dice: el que no comprende la poesía, léase la literatura, es el burgués, el burócrata, el académico, el profesor y el político. No obstante esta anotación, pienso que es en el campo de la academia, donde la interdisciplinariedad y el debate permanente fluctúan, en el que debe surgir la más madura crítica literaria del país.

De hecho, hay paradigmas que podrían atestiguado. Mírese la obra crítica de David Jiménez, en especial su Historia de la crítica literaria en Colombia y Poesía y canon, o la recopilación de ensayos sobre historia y vida intelectual de Juan Guillermo Gómez, Colombia es una cosa impenetrable, y podremos comprender claramente lo que pretenden ambos críticos al unir rigor erudito y estilo de escritura ajeno a los tecnicismos y la barbarie idiomática. Y no es posible, por último, columbrar siquiera que los últimos sonados "debates literarios”, llevados a cabo por escritores comerciales casi todos -la polémica entre Santiago Gamboa y El Malpensante a propósito de películas y novelas mediocres; o las escaramuzas verbales entre Héctor Abad Faciolince y los que escriben por amor al dinero y a la silicona; o el debate con los poetas políticos de la actual Colombia, de ribetes grotescos, que propone Harold Alvarado Tenorio desde la página web de su revista Arquitrave, y las eventuales respuestas de sus igualmente prosaicos enemigos- sean comprendidos como una expresión vigorosa de la crítica literaria en Colombia.

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Es verdad, como dice Javier Arango Ferrer, que por el ensayo se hace adulta una literatura. Pero es un acto de ceguera, o de encandilamiento pueril, el atribuir a la literatura colombiana un altura como para generar un ensayo que sea la prueba más fehaciente de tal elevamiento. Se debe guardar reserva, ya que cinco o diez nombres a lo más no son suficiente testimonio para afirmar que nuestro ensayo es el por fin logrado reflejo de una madurez artística anunciada. A este respecto, Jaime Jaramillo Escobar, en su antología sobre ensayistas antioqueños, muestra un hallazgo que goza de un cierto trazo de desmesura. En su pesquisa confiesa haber encontrado por lo menos 150 ensayistas en esta región, una de las más prolijas del país letrado. De esta cantidad asombrosa, más propia de la realidad mágica que de la literaria, a Jaramillo Escobar le fue posible, por razones más de espacio que de calidad, seleccionar apenas cuarenta. Las cifras, por supuesto, apuntan al entusiasmo épico regional y a la creencia de que Antioquia ha dejado de ser una tierra de promisión para pasar a ser la de la salvación. Son estos excesos que continúan palpitantes, ya que la historia de la literatura es también el espacio de lo tremebundo y lo exagerado, los que permiten considerar que aún se respira esa provincia de viñeta de la cual Gutiérrez Girardot desenmascaró sus trivialidades trajeadas de grandeza en el ensayo mencionado. Como contraposición a esta desmesura de parroquia, David Jiménez propone en su Historia de la crítica literaria en Colombia un inventario de nombres no sólo sobrio sino indispensable. En lugar de propiciar el equívoco como lo hace el antólogo nadaísta, Jiménez selecciona los nombres fundamentales. Y lo hace después de haber transitado un horizonte aún más abigarrado y complejo que el recorrido por Jaramillo Escobar. Con esta labor, además, Jiménez cumple con una de las tareas propias del crítico literario: ubicar al lector exigente en medio de lo que aparentemente es confusa profusión de expresiones, opiniones e interpretaciones. Él mismo lo dice al inicio de la Historia de la crítica literaria en Colombia: «Es al crítico a quien corresponde introducir un cierto orden dentro de la literatura: establecer secuencias de escritores y obras, componer familias intelectuales, señalar las tendencias comunes y los caminos dispares».

Acudir entonces a la cantidad, en cuestiones de arte, no es recomendable a la hora de querer establecer balances. Pero el criterio de la cantidad es lo que por desgracia ha acompañado desde siempre las valoraciones de la literatura colombiana. Y más ahora cuando se asiste a una proliferación escandalosa de escritores y de obras. Colombia posee, según algunos entusiastas del delirio comparativo, una exuberancia de climas y recursos naturales que se refleja en sus letras copiosas. Hoy aparecen, por ejemplo, con mayor frecuencia los resultados de las investigaciones literarias de las regiones del país. Y así como Jaramillo Escobar encontró esa numerosa «pléyade» de ensayistas en Antioquia, en Santander, en Boyacá, en el Valle del Cauca y en la región del Atlántico, aparecen también listas extensas de escritores que el tiempo había olvidado merecidamente y que ahora, gracias a las valoraciones de ciertos investigadores, aparecen cubiertos de ditirámbicos epítetos. De tal manera que el que había sido valorado en función de su inacabada o mediocre obra literaria por las generaciones que lo siguieron, aparece ahora rotulado como gran e importante escritor. No quiero decir, sin embargo, que esos balances cuantitativos de la literatura de antaño no sean indispensables para la investigación académica. Es necesario que para la conservación de una memoria artística del pasado deba registrarse y sondearse casi todo. Pero también lo es que, a la hora de los inventarios cualitativos, el criterio de la excelencia universal debe predominar. Por otra parte, la proliferación respira, frenética, en lo que se escribe y se publica hoy. Y esto no es más que la consecuencia de una gran vitalidad viril, opinan algunos haciendo gala de un lenguaje torpe pero asaz colombiano. Si alguien se aproximara, y hay quienes lo hacen, al panorama de la literatura actual del país declararía que hay una gran movilidad, una impresionante agitación, una nunca antes vista productividad que se expresa en variadas formas. Tal situación no indica, sin embargo, que se esté haciendo una literatura de calidades inolvidables. Acaso sea éste el proceso que nos ha correspondido para que en el futuro surja algo que sitúe a la literatura colombiana al lado de las grandes literaturas de la historia. Las comparaciones son riesgosas, pero hay que insistir en que todavía está lejos de la excelente calidad universal de los novelistas de la Francia del siglo XIX, de los poetas rusos de la Unión Soviética, de los narradores norteamericanos de la primera mitad del siglo XX, de los escritores de la Alemania expresionista.

Es la ausencia de una literatura mayor lo que, en primer lugar, me impide creer que exista ahora una crítica literaria de calidad en el país. Porque la relación entre una y otra es quizás una circunstancia de causa y efecto. Habría entonces que preguntarse por los motivos que han fraguado este horizonte, sin duda de barroca abundancia pero carente de densidad insuperable. Descartemos, de entrada, el argumento válido para ciertos paradigmas, de que todo tiempo tormentoso provoca en el arte respuestas sublimes. Colombia los ha tenido desde la fundación misma de su historia aciaga, pero no le ha llegado la hora de verter con fortuna sus desgarramientos en un gran movimiento literario de resonancia internacional. Nuestro romanticismo, nuestro modernismo, nuestro vanguardismo, nuestra abigarrada contemporaneidad sólo ha producido casos aislados de genial madurez. Me aventuraría a decir, corriendo el riesgo de suscitar la polémica, que sólo Tomás Carrasquilla y García Márquez, en el campo de la narrativa, y Aurelio Arturo y León de Greiff, en el de la poesía, han consolidado una obra con pocas fisuras y capaz de resistir el paso del tiempo. Pues con respecto a Silva, esta suerte de poeta patrimonial, ya Sanín Cano decía lo pertinente en Letras colombianas: «Silva habría sido el poeta máximo y su obra el testimonio más genuino del modernismo, si hubiera dedicado toda su inteligencia a la poesía, si hubiera vivido más largo tiempo y si las circunstancias especiales de su vida, de su familia, del medio en que corrió su existencia, no hubieran sido tan poco propicias al rumbo natural de sus excepcionales talentos». Lo otro es una sugestiva e interesante dispersión: oteros, valles, explanadas, lagos que se levantan y extienden aquí y allá. La novela de lsaacs, la de Eustasio Rivera, la de Germán Espinosa; la cuentística de Pedro Gómez Valderrama y las crónicas de Luis Tejada; algunos poemas de José Asunción Silva y Porfirio Barba Jacob; ciertos libros de Fernando Charry Lara, de Héctor Rojas Herazo, de Álvaro Mutis, de Jaime Jaramillo Escobar, de José Manuel Arango, de Juan Manuel Roca y de Giovanni Quessep. Y, por supuesto, la obra ensayística de Baldomero Sanín Cano y la de Rafael Gutiérrez Girardot podrían sintetizar más o menos este breve y en todo caso discutible panorama de casi doscientos años de historia literaria.

El paisaje que propongo, lo sé, es un poco neblinoso. Pero en ningún modo pretendo enarbolar una verdad. Más bien me acojo al consejo de Baldomero Sanín y trato de comprender un fenómeno. No soy de los que creen, empero, que resulte imposible conformar una gran literatura. Aunque tampoco puedo caer maravillado ante el espejismo mediático que hoy pretende arrojamos frente a ella. Considero, por ejemplo, que después de la novela de García Márquez, la nuestra, la de estos tiempos de todas las degradaciones, aún no ha logrado su plenitud. Me atrevo a suponer que algunos peldaños se han edificado y que otros escritores los escalarán, construirán los suyos y producirán la excelente narrativa tan esperada. Con todo, me parece que hay factores que podrían hacer tardío este arribo. Aunque por fortuna la profesión del escritor entre nosotros se ha fortalecido, algo que en tiempos de Baldomero Sanín Cano era sencillamente imposible, y ya no son uno o dos los que viven con holgura de lo que escriben, hay una atmósfera enrarecida en donde se asfixian la literatura y la reflexión crítica sobre ella. Ante la ausencia de una masa lectora más o menos avisada en Colombia, hay que agregar que en los pocos lectores presentes se ha dado un gusto literario aberrante. Éstos, en general, buscan la literatura comercial propuesta por los grandes consorcios editoriales. De tal modo que el objetivo de la globalización de la literatura o su aparente democratización, a la cual se refieren algunos ingenuos del optimismo, se ha cumplido a cabalidad: lograr que la gente lea un tipo de literatura ostensiblemente banal y desconozca lo que en principio es excelente. Es mejor esta alternativa que la del completo analfabetismo cultural, explican los expertos en la sociología de la recepción, pasando por alto las nefastas consecuencias que deja este fenómeno cuando se trata de edificar el gusto exigente y atildado del crítico literario y el de los lectores. Porque hablar de democratización en este caso es referirse a una patente cretinización de la literatura. Un fenómeno así no es nuevo. Ya desde los tiempos de las novelas por entregas, en la Francia de la monarquía romántica, los grandes capitalistas de la edición se habían propuesto hacer de la lectura y la escritura un espacio más apto para la diversión que para la reflexión. Por fortuna no todo terminó allí, porque el arte es también el camino de la ardua resistencia, y pese a la sobresaturación de malas novelas que miles de lectores pedían con fervor, surgieron Stendhal, Balzac, Victor Hugo y Flaubert. Y surgió, por supuesto, Sainr-Beuve. Y surgió, por supuesto, Baudelaire. Esta mutación de la sensibilidad de lo mediocre hacia lo anodino de los pocos lectores que tiene Colombia es también lo que contribuye a que su literatura se siga llenando de escombros. Y es tal preferencia por lo insustancial, tal regodeo en el goce de lo vacuo, generalizado hasta extremos grotescos, lo que ha terminado por trazar el magro perfil de nuestra actual crítica.

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* PABLO MONTOYA (Barrancabermeja, 1963). Ha publicado los libros de cuentos Cuentos de Niquía (París, Vericuetos, 1996), La sinfónica y otros cuentos musicales (Medellín, El Propio Bolsillo, 1997), Habitantes (París, índigo, 1999) y Razia (Medellín, Eafit, 2001); el libro de prosa poética Viajeros (Medellín, Universidad de Antioquia, 1999); el libro de ensayos Música de pájaros (Medellín, Universidad de Antioquia, 2005), la novela La sed del ojo (Medellín, Eafit, 2004), y los libros de prosas poéticas Cuaderno de París (Medellín, Eafit, 2006) y Trazos (Medellín, Universidad de Antioquia, 2007). Es premio del Concurso Nacional de Cuento Germán Vargas (1993). Sus cuentos, sus traducciones de escritores franceses y africanos, así como sus artículos, han aparecido en diferentes revistas y periódicos de América Latina y Europa. Actualmente coordina el doctorado en literatura de la Universidad de Antioquia.
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1 comentario:

Julio César Fernández dijo...

Interesante el blog y muchas de las ideas que se encuentran en el.Lastima el post tan largo.